sábado, 17 de abril de 2010

Cazorla, o como destrozar un paraiso natural









Esta Semana Santa, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y teníamos cuatro días libres. Nanaif y un servidor decidimos hacer de nuestra capa un sayo y aventurarnos lejos del mundanal ruido procesional. El objetivo era pasar unos cuantos días de paz y relax en la Sierra. Alejados de escándalos y aglomeramientos, tan sólo nosotros y el monte.




Para tan elogioso fin elegimos un pueblecito de Jaén llamado Torres, en Sierra Mágina, no tan conocida cómo Cazorla pero igualmente bella. La cuestión es que ya que estábamos en Jaén tomamos la decisión de irnos de campeo a Cazorla y ver el Nacimiento del Guadalquivir, tan afamado el, que yo desconocía, no así Nanaif.




Tras varias horas de coche y de despistar el camino un par de veces por fin llegamos a la famosa Sierra de Cazorla.




Tengo que decir que el pueblo del mismo nombre es encantador, animado y muy bonito. El problema realmente fue cuando llegamos a la sierra en si. Donde esperábamos tranquilidad y paz recibimos tráfico y coches a mansalva, coches aparcados en cunetas y dobles filas que impedían el paso adecuado de vehículos, picoletos poniendo orden y multando, chusmosos con la música del coche a toda pastilla y grupos de amigos con las litronas. Vamos, que lo mismo podíamos estar en el centro de Málaga cualquier finde, y no en un espacio supuestamente protegido.





Que si, que los paisajes son impresionantes, pero por desgracia apenas se pueden apreciar debido a la masiva afluencia de domingueros con la tortilla de patata, los niños con el balón y el ruido de los coches. Media hora de carril de montaña para llegar al Nacimiento del Guadalquivir,




y lo que encontramos fue eso, cientos de personas hablando, chillando y casi atropellándose mutuamente en mitad del monte. Mas arriba una zona de recreo donde, cómo no, todo el mundo accedía con el coche y se podía a merendar.




JOSUAAAA!!! COMETE LAS PATATAS!!!!
PACOOOO, TRAEME EL ABRIDOR!!!!

Eso, y música cañera era lo único que se hoy en el, por otra parte, paradisiaco entorno. Decepcionante, he de decir.

Tras esta experiencia decidimos seguir nuestro camino bordeando la Sierra con el coche por un carril al parecer menos transitado y que tras varios minutos nos llevó a un cañón impresionante donde pudimos divisar a majestuosas águilas, inquietantes cuervos y varias aves más de variado tamaño y especie. Un espectáculo que sin duda hubiera sido mucho más enriquecedor de no ser por un grupo de adolescentes que cantaban en coro y a pleno pulmón.
SOMOS LAS DIVINAS, DANOS GASOLINAAA!!!



O algo, asín… y es que hay que ser gilipollas.
Finalmente, ya un poco hartos de tanta quietud y solemnidad decidimos volver a nuestro hotelito en Torres, donde llegamos varias horas más tarde no sin antes conocer al dedillo varios pueblos por los que dimos vueltas en círculos y miles y miles de hectáreas de olivos.
En fin, lo que quiero decir es que debería de estar prohibido entrar con el coche en un paraje natural y protegido salvo contadas excepciones. El que quiera ir que lo haga a patita, por uno de los numerosos senderos que cruzan la Sierra, si no aquello mas parece la Feria en Agosto que el monte.

PD. Si alguna vez vais a Torres el hotelito donde nos alojamos era Jurienea, bastante bien, pero hagáis lo que hagais ni se os ocurra poner un pie en el “restaurante” que hay enfrente de este, La Cazuelita.

Pueblo de Torres

2 Anda c*ñ*!:

Lograi el Luciérnago dijo...

¿Qué pasó en La Cazuelita?

Gouel/Nanaif dijo...

Pos fuimos a cenar, es un "restaurante" de pueblo tipo venta de los montes, pero por cambiar decidimos darle una oportunidad. Habia gente, pero varias mesas libres, así que cogimos una en el salón de fuera. Esperamos unos minutos y, como era algo ruidosa (justo debajo de la tv) nos fuimos a sentarnos dentro, justo al lado de la barra.
Tras 10 minutos el camarero pasó por nuestro lado cinco veces sin mirarnos siquiera(es imposible que no nos viera). Y ya el colmo es que pasa por nuestro lado, se asoma al salón de fuera y se va a tomar nota a una mesa que acababa de llegar!
Obvio decir que nos levantamos y nos fuimos, pero una y no mas, Santo Tomás.

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