domingo, 8 de agosto de 2010

El viejo y el sauce




Buenas tardes, si me permiten presentarme, mi nombre es Paco, conocido desde hace 30 años como Paco el Churrero, si, lo han adivinado. Soy panadero. Que nooo, es broma, soy el dueño de Churrería Paco, si vienen por mi tierra pregunten por Churrería Paco, todos la conocen. Y mi trabajo me ha costado!. Recuerdo hace veinte años... Yo trabajaba en una fábrica de coches desde que tenía memoria, formaba parte de la cadena de montaje y odiaba cada segundo que pasaba allí. Yo lo que realmente quería era hacer churros, desde pequeño esa había sido mi mayor ilusión. Dirán ustedes que es un sueño un tanto peculiar, que los niños quieren ser médicos, o bomberos, pero yo sabía lo que quería, quería ser churrero.
La cuestión es que por avatares de la vida comencé a trabajar en la fabrica de coches en la que mi padre llevaba toda la vida y donde murió dos años antes de jubilarse en un estúpido accidente de la cadena de montaje. Y yo... yo no pude más. Diría que vi la luz apagarse de los ojos de mi padre, pero mentiría, la luz de sus ojos se había apagado hacia ya muchos años sumido en un trabajo que lo embotaba hasta que toda la ilusión y las esperanzas acabaron muriendo en el. Y mientras lo acompañaba en la ambulancia, sabiendo que no llegaría con vida al hospital, juré que eso no me pasaría a mi, no desperdiciaría toda la vida en un trabajo sin futuro, condenándome a mi a una vida infeliz y a toda mi familia a una vida mediocre. Al día siguiente me temblaban las piernas cuando acudí al despacho del gerente para despedirme, en su honor intentó convencerme de pensármelo, creyendo que estaba en chock - y vive dios que lo estaba - por la tragedia de mi padre - me ofreció tomarme unos días libres, adelantar mis vacaciones, ir al medico de la empresa... pero yo estaba decidido a abandonar, sentía nauseas y un miedo atroz, pero estaba decidido.

Tres meses después inauguramos la churrería, Churrería Paco. Por dios, que orgullo, que recuerdos... y que miedo!. Había empeñado todo lo que tenia para alquilar aquel pequeño local, debía dinero a casi todo el mundo, invertido todos los ahorros que tenia y puesto como garantía del préstamo bancario el piso de mi madre. Si aquella aventura salia mal... bueno, en las interminables noches en vela pensaba en ello, en la locura que estaba cometiendo, y entonces volvía a ver el rostro de mi padre, consumido, gris... tan alejado del hombre vigoroso y alegre de mi niñez que casi podía llorar. Además, ya era tarde para arrepentimientos, ahora era el momento de trabajar. Y vaya que trabajé! De sol a sol, siete días a la semana, todos los días del mes, había tanto por hacer que las horas pasaban volando, limpiar, comprar, vender, abrir, atender a los clientes, cerrar, limpiar, contar, pagar... Mi mujer, bendita sea, venia a ayudarme cada vez que podía, y en sus ratos "libres" limpiaba casas y portales para colaborar en aquellos primeros meses en los que los números no querían cuadrar nunca.

Pero lo hicieron, el negocio salió adelante, los números cambiaron de color por fin. Tanto que pude contratar a un ayudante, Antonio, un chaval de mirada viva y muchas ganas de trabajar. Pasaron los años y el negocio siguió creciendo, contraté a tres personas más, Antonio se convirtió en mi encargado e hicimos varias reformas para ampliar la Churrería, nuevas maquinas más grandes y modernas, un local mas amplio... Bueno, las cosas iban viento en popa, como suele decirse. Cinco familias vivíamos a costa de mi querida churrería, y por fin pude mudarme de nuestro pequeño piso a un chalet en la sierra, nada ostentoso, pero bonito y cómodo. Cambié mi viejo R-12 por un mercedes y comencé a ir a restaurantes "buenos" e incluso un año nos fuimos mi mujer y yo de viaje a Punta Cana, dos semanas enteras de relax y lujo. Por que a todo esto el negocio seguía absorbiendo la mayor parte de mi tiempo. Confiaba en Antonio y los demás, claro, llevábamos juntos muchos años, pero la churrería era mi vida y no podía ni soñar en dejarla sola por mucho tiempo...
En definitiva, las cosas marchaban como miel sobre ojuelas. Hasta hace cinco años. Entonces llegó la Crisis. Al principio no me preocupé, no era la primero que pasaba y siempre había salido adelante, al fin y al cabo los churros no eran caros, no eran un articulo de lujo y mi negocio estaba enfocado a la clase trabajadora, precios asequibles y ambiente agradable, eran mi clave para que nunca me faltaran clientes.

Pero el paro aumentaba, así como los impuestos, los salarios, las luz, el agua... subía todo menos el precio de los churros. Y cada vez vendíamos menos y menos... en la vieja barriada ya casi todas las familias tenían al menos un miembro en paro, y en cada vez más, todos. Los churros se convirtieron en un articulo de lujo, algo que tomar los Domingos... con suerte. Ya no tenia trabajo para cuatro personas, claro, pero decidí aguantar un poco, los últimos años habían sido buenos y me resistía a despedir a nadie. Pero las cosas lejos de mejorar empeoraron, ya nadie entraba en Churrería Paco, la caja tenia telarañas, pero seguía teniendo que pagar los salarios a cuatro personas, la seguridad social, el IBI, el IAE, el asesor fiscal, la letra de las nuevas maquinas y el crédito de la reforma del local... Y, sencillamente ya no tenia mas dinero. Hablé con mi gente, ellos lo entenderían, durante veinte años habíamos sido casi como una familia. Si, ellos lo entenderían. Y lo entendieron, mas o menos, adelantaron vacaciones, renunciaron a las extras y los festivos... pero aún así no era suficiente. Sencillamente no había trabajo para tanta gente.

Yo sabia que el negocio podía ser viable... pero no con ellos, sus salarios eran grandes (cuando son años de bonanza es difícil decir que no a los aumentos de sueldo) y los beneficios inexistentes. La solución era dura pero simple. Tenia que despedirlos, "arremangarme" y ponerme al pie del cañón otra vez. Ya no era tan joven como antes, pero el trabajo duro nunca me asustó, y que los infiernos me llevasen si iba a permitir que el negocio de mi vida se me fuera a pique.
El problema? Bueno, a estas alturas no puedo permitirme el pagarles la indemnización, con sus salarios y su antiguedad... En fin, tengo puesto a la venta mi chalet, pero tal y cómo está el mercado inmobiliario no me pagaran por el ni la mitad de lo que vale, eso con suerte. Los bancos, que hace unos años me llamaban cada día para ofrecerme dinero que no necesitaba ahora ni tan siquiera me reciben. La única opción parece el cierre, venderlo todo y liquidar... creo que me quedará suficiente para no pasar calamidades, pero es duro, todo el trabajo de mi vida perdido... Y aún mas duro es ver las caras de mis trabajadores, no es que pueda culparles, no demasiado. Me ven con mi flamante mercedes, mis trajes y mi reloj de oro, saben que vivo en una casa grande con piscina y que cómo en restaurantes caros. Pero también saben que he trabajado duro toda mi vida para pagarlo, que lo tengo todo hipotecado en el negocio que nos da a todos de comer. Saben que lo he arriesgado todo en la churrería, si, ellos irán al paro, lo pasaran mal, si.... pero es mi dinero el que se ha perdido, mi sueño el truncado... sin embargo ahora, después de todos estos años me miran como a un especulador que se ha aprovechado de ellos en las vacas gordas y ahora, cuando vienen los tiempos dificiles huye con los beneficios. Beneficios... Ja! Todos se los han comido ellos, ya que han seguido cobrando cada mes, a pesar de que la caja estaba vacía al terminar cada jornada laboral, ellos, los bancos, el Gobierno... han acabado por ahogarme. Hace un año podría haber salido adelante yo solo con un par de los chavales. Hoy tal vez podría salvarme yo y esperar a tiempos mejores.


Mañana.... mañana cerraré el local, declararé la quiebra y me retirare. Mereció la pena? Si, sin duda, he sido muy feliz todos estos años, a pesar de todo. Es solo que... bueno, de haber tenido otras opciones. Churrería Paco seguiría viva.

1 Anda c*ñ*!:

Libussa dijo...

Tsk, este proletariado, el caso es quejarse.

Habría que explicarle a Paco El Churrero que hace 30 años la 'internacional' variedad alimenticia brillaba por su ausencia, y había que echar mano de lo que nos tocaba más cerca. Los churros (harina, agua, azúcar y sal) eran un 'capricho' barato realizado con materias básicas, y quién más quién menos dentro de la economía media, podía permitirse el lujo de desayunar los churros.
También habría que decirle a Don Paco que esta sociedad, en una paradoja que jamás se ha visto igual, se ha vuelto tan sana como enfermiza, y los 'dulces' que absorben la sangre ya no están tan bien vistos.
Y de paso, añadiría que la Termomix hace unos churros para chuparse los dedos, y sin salir de casa.

Vamos, señor Paco, que 30 años de negocio es una cifra más que respetabilísima y digna de admirar, aproveche la jubilación y disfrute de sus cosas, que ya ha cumplido con la sociedad sobradamente.

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